LA VISIÓN NORMAL DEL ARTE: Introducción

Compartimos aquí este artículo que fuera publicado por primera vez en Wheaton Co-llege Press: Norton, Mass. De los EEUU en 1936. Su autor, uno de los mayores espe-cialistas en arte oriental Ananda K. Coomaraswamy (1877-1947). Su obra abarca en profundidad las formas tradicionales de la India, el budismo, el simbolismo, etc. Si bien este artículo en particular, presentado en 4 partes, trata sobre el “arte” en general, es perfectamente aplicable a todos aquellos que nos encontramos en la búsqueda de la concepción real del “arte marcial” desde el punto de vista Tradicional.

LA VISIÓN NORMAL DEL ARTE
POR ANANDA K. COOMARASWAMY

PRIMERA PARTE: INTRODUCCIÓN

La palabra «normal» deriva del latín norma, que se relaciona con el griego gno-mon, una escuadra de carpintero, etc., y con el griego gignskein, «conocer», y el sánscrito jñ, como todas estas palabras se relacionan con nuestro «conocer» moderno. Así pues, nuestro título asume que la naturaleza y los valores del arte, y la relación propia entre el hombre como artista y el hombre como hombre no son de ninguna manera materias de opinión o que hayan de descubrirse por un procedimiento experimental, sino materias de conocimiento cierto.

Así St. Tomás dice que «El arte tiene fines fija-dos y medios de operación verificados»; y similarmente en la India, el arte se consi-dera más bien como un cuerpo de conocimiento que ha de aprenderse y como una pericia que ha de adquirirse, —de la misma manera que uno aprende y pone en prácti-ca los principios de la ingeniería, donde el patrón requiere justamente un producto que «funcione»,— que como una cuestión de sentimiento o de gusto personal. La visión normal del arte presupone al mismo tiempo una visión normal de la vida, con una jerarquía de valores verificados. Por otra parte, «Desde los días del Renacimiento, no puede haber ninguna duda de que las grandes obras de arte fueron compradas a costa de la vida ordinaria» (Ranke): contrariamente a que se había asumido que el arte, como el Sábado, se había hecho para el hombre, llegó a asumirse que el arte era por el arte mismo, y que debía ser servido a costa de la vida.

Ya hace mucho que nos hemos dado cuenta que no todo está bien en el arte de nuestros días; pero al reconocer esto, no nos permitamos considerar la enfermedad del arte de otra manera que como un síntoma, ni gastar ningún tiempo en buscar remedios paliativos; lo que tenemos que hacer es restablecer la salud en el organismo entero, que, cuando está sano, por el mismo motivo es bello en todas sus actividades. No debemos personificar al «Arte» y hacerle el culpable de sus propios desórdenes, sino recordar que como dice Plotino, «Por lo que toca a las artes y oficios, todo aquello que ha de buscarse de las necesidades de la naturaleza humana está guardado en el Hombre Absoluto».