"Actúa después de haber calculado la situación. El primero que conoce la noción de lejos y cerca gana: esta es la regla de la lucha armada."
— Sun Tzu, El Arte de la Guerra
La Guerra Onin
"Actúa después de haber calculado la situación. El primero que conoce la noción de lejos y cerca gana: esta es la regla de la lucha armada."
— Sun Tzu, El Arte de la Guerra
El inicio de la Guerra Onin en 1467 marca el verdadero comienzo del Período Sengoku, aunque ya hemos analizado los indicios visibles del final del antiguo orden mucho antes de esta época. Se llamó así, porque la lucha empezó en el primer año del período Onin y fue poco usual, porque casi toda la lucha inmediata se libró dentro de la ciudad de Kyoto. Incluso tras los disturbios ocasionados por los Ikki en las décadas anteriores, la capital seguía siendo la ciudad más maravillosa de Japón.
Aparentemente la Guerra Onin empezó cuando el Shogun Yoshimasa (el mismo que había intentado empeñar su armadura para pagar la ceremonia del té) proclamó a su hermano, Yoshimi, como heredero a Shogun. Llegó hasta sacarlo a rastras de un monasterio con el objeto de lograr su propósito, para gran sorpresa del pobre hombre. Un año más tarde cambió de opinión cuando nació su primogénito, Yoshihisa. Al mismo tiempo, los clanes de Yamana y Hosokawa habían sido rivales durante años, interfiriendo en los asuntos ajenos con más o menos éxito. Con dos aspirantes a Shogun en potencia, era casi inevitable que cada familia optaría por respaldar a un lado diferente. Yamana Sozen, llamado el "Monje Rojo" por su temible carácter y pertenencia al sacerdocio, decidió apoyar al infante heredero, Yoshihisa. Hosokawa Katsumoto por otro lado, puso a su clan del lado de Yoshimi, el hermano del shogun del momento. Para añadirle leña al fuego y hacerlo más amargo y personal, los dos líderes eran parientes, ya que Yamana Sozen era el suegro de Hosokawa Katsumoto.
Ambos lados reunieron a sus ejércitos en Kyoto. Los Yamana congregaron a 80.00 samuráis y otros soldados, mientras que las fuerzas Hosokawa ascendían a unos 85.000 hombres. Las cifras son interesantes y demuestran lo rico que era Japón en esa época. Si lo comparamos con los ejércitos europeos en el mismo período, son números que dan vértigo, sobre todo si se recuerda que se trata de ejércitos de clanes. Por ejemplo, durante las Guerras de las Dos Rosas en Inglaterra (una guerra civil al otro extremo del mundo que ocurría al mismo tiempo), los ejércitos rara vez superaban los 10-12.000 hombres en cada bando.
"Cuando vas a atacar cerca, haz como si fueses a atacar muy lejos; cuando vas a atacar más alejado, haz como si fueses a recorrer una distancia corta. Arrástralos con vistas a la victoria, haz que se confundan."
— Sun Tzu, El Arte de la Guerra
Sin embargo ningún lado pudo empezar a causar problemas. La parte que oficialmente atacara primero corría el riesgo de que el débil shogunato los considerara rebeldes. Y al ser tachados de rebeldes, perderían respaldo. No obstante al final la tensión se hizo insoportable. Con otros 20.000 hombres de Yamana que marchaban sobre Kyoto, una mansión de Hosokawa quedó misteriosamente reducida a cenizas. Más tarde las tropas de Hosokawa atacaron una línea de provisión de alimentos de Yamana. La lucha más en serio no tardó mucho en empezar y hacia julio de 1467 (sólo dos meses después de que empezara la batalla de Kyoto) la parte septentrional de la ciudad estaba en ruinas. Ambos lados se asentaron tras unas barricadas improvisadas y empezaron una guerra estática de ataques y contraataques. Todo el que podía huyó de Kyoto y los ejércitos asumieron el poder
La guerra prosiguió sin descanso, ya que ningún lado daba con la manera de detener el combate. Yamana Sozen y Hosokawa Katsumoto murieron en 1473 y la guerra se alargó. Sin embargo al final los Yamana cedieron, ya que la etiqueta de "rebeldes" por fin causaba efecto. Ouchi Masahiro, unos de los generales de Yamana, acabó quemando su sección de Kyoto y se retiró. Era el año 1477, ¡unos diez años después del comienzo de la lucha! Kyoto fue saqueado en ese momento pues las masas se trasladaron allí para tomar los restos. Ningún clan logró alcanzar sus objetivos, sólo matar a algunos hombres del rival.
Durante todo este tiempo, el Shogun permaneció impasible. Se puede decir que Ashikaga Yoshimasa sólo tenía un "conocimiento de pasada" sobre la realidad. Obviamente no parecía importarle mucho lo que ocurría en Japón. Mientras Kyoto estaba sumido en el caos, se pasaba el día leyendo poesía y dedicándose a otros eventos culturales y planificando la edificación del Ginkaku-ji, un Pabellón de plata que competía con el Pabellón Dorado que su abuelo había construido.
Sin embargo, la lucha en Kyoto tuvo graves consecuencias en todo Japón. La Guerra Onin (y la falta de respuesta por parte del shogun) "toleró" guerras privadas entre los daimyo, que se propagaron hasta que ninguna parte del país estaba libre del brote de violencia. A los daimyos no se les escapó que ahora eran libres de zanjar cualquier disputa con el acero de sus espadas. Al fin y al cabo, ¿quién iba a detenerles?
Los Ikko-Ikki
"Cuando la intensidad del torrente de agua llega al punto de mover las rocas, es la fuerza del momento. Cuando la velocidad del halcón es tal que puede atacar a su presa y matarla, eso es precisión. Lo mismo ocurre con los guerreros victoriosos."
— Sun Tzu, El Arte de la Guerra
Aunque se abandonaron las batallas de Kyoto, la guerra se había extendido al resto de Japón. En la provincia de Yamashiro, el clan Hatakeyama se dividió en dos facciones que lucharon entre sí hasta llegar a quedar paralizadas. Sin embargo este punto muerto iba a traer graves consecuencias. En 1485 los campesinos y ji-samuráis (samurai menores), hartos de la situación, se rebelaron. Enviaron su propio ejército y obligaron a los ejércitos de los clanes a abandonar la provincia. Los Ikki se estaban convirtiendo en una gran potencia, nada que ver con la idea del populacho armado. En 1486 incluso llegaron a establecer un gobierno provisional en la provincia de Yamashiro.
En la provincia Kaga las cosas llegaron aún más lejos. Fundada en el siglo XIII, los Ikko eran una secta de Budistas Amida que obtenían parte de su apoyo de las clases campesinas. A diferencia de otras sectas budistas de cariz más bien aristocrático, los Ikko hicieron todo lo posible por convocar a la gente corriente, lo cual les otorgó un enorme poder práctico. Tal vez de forma algo ingenua, unos de los señores destacados de la provincia de Kaga, Togashi Maschika, consiguió su apoyo en la Guerra Onin. Al reclutarlos en su ejército, los Ikko evolucionaron hasta convertirse en los Ikko-Ikki, una fuerza de fanáticos guerreros sagrados. Los jefes de los Ikko-Ikki les convencieron de que el paraíso era la recompensa por morir en la batalla y así no se amilanaban ante el peligro. Cuanto menores eran sus probabilidades de vencer, con más vigor luchaban los Ikko-Ikki.
Togashi Maschika se había creado problemas. En 1488 los Ikko-Ikki se rebelaron, lo expulsaron de Kaga y se hicieron con el control de la provincia. En 1496 empezaron a construir una "catedral" fortificada como cuartel general en la desembocadura del Río Yodo Eligieron bien el emplazamiento para el Ishiyama Hongan-ji, ya que el Castillo de Osaka, donde se libraron las batallas del período Sengoku unos cien años más tarde, se construyó al final en el mismo lugar. Como antes (con los Ikki), el auge de los Ikko-Ikki fue parte del proceso de gekokujo: "los inferiores oprimen a los superiores."
Derrocamiento y Traición
"Humíllate para que el enemigo se crezca. Cánsalo huyendo. Indúceles a que se dividan. Cuando estén desprevenidos, ataca y da el paso cuando menos se lo esperen."
— Sun Tzu, El Arte de la Guerra
Mientras la Guerra Onin se extendía al resto de Japón, otros daimyos aprovecharon la oportunidad para arreglar cuentas pendientes (y ganaron terreno a expensas de sus vecinos) con resultados variopintos. El sistema se basaba en principios sencillos, casi darwinianos: la supervivencia de los más aptos era lo único que importaba, sin importar cómo se conseguía sobrevivir. Y no todos los clanes sobrevivieron en los años sucesivos. Hacia 1500 los Shiba e Isshiki, así como los Hatakeyama de Yamashiro e incluso el poderoso clan Yamana se las habían arreglado para aniquilarse unos a otros. No sólo eran los únicos que sufrían. Una familia perdía bastante más de lo esperado, dada la veneración hacia ellos que había sido costumbre. La familia imperial estaba prácticamente arruinada y ni siquiera pudo pagar el funeral del Emperador Go-Tsuchi-Mikado en 1501. La coronación del Emperador Go-Nara tuvo que posponerse 20 años hasta que los Ikki (de todos los pueblos) le dieron el dinero suficiente para pagar la ceremonia. Go-Nara vivió en una cabaña de madera y hasta tuvo que humillarse vendiendo su autógrafo; el shogunato de Ashikaga era igual de pobre.
A pesar de todos los intentos y buenos propósitos, el gobierno central se desvaneció. Los daimyos eran libres de hacer tantas guerras como querían o podían permitirse. Las familias de samuráis menores podían soñar con alcanzar un mayor poder y se robaban la tierra unos a otros. La historia de Ise Shinkuro es un ejemplo muy ilustrativo. Era un samurai bastante gris hasta que decidió involucrarse en los asuntos internos de los Ashikaga. A Ashikaga Chacha se le había ordenado que se uniera al sacerdocio, pero se negó a hacerlo. Shinkuro asumió la tarea de acosar a Chacha y le obligó a suicidarse. La recompensa de Shinkuro fue la Maestría de Izu y no perdió el tiempo en cambiar su nombre por el de Hojo Soun (por la misma época también había decidido tomar un nombre budista). Evidentemente los Hojo habían sido gobernantes de Japón cientos de años atrás, pero Shinkuro (o Hojo Soun) no tenía ninguna relación con la familia ¡hasta que se casó con una hija de un descendiente lejano del primer Hojo!
Hojo Soun decidió entonces expandir sus tierras. En una caza del ciervo tuvo la oportunidad de asesinar a un señor de los alrededores y asumió el control de Odowara. Más delante se desplazó con seguridad a las provincias de Sagami y Musashi y acabó por ampliar sus posesiones hasta la llanura de Kanto. Esperó a que la familia Uesugi estuviera ocupada en sus propios problemas y consiguió tomar el castillo de Edo, la antigua capital imperial (y ahora el actual Tokio). El hijo de Soun, Ujitsuna y su nieto, Ujiyasu, continuaron sus batallas contra los Uesugi y les derrotaron en 1542 en el Castillo de Kawagoe. Lo interesante de este relato es que Hojo Soun (o Ise Shinkuro) no procedía de ningún lugar y, con el paso de tres generaciones, él y su familia se habían repartido unos dominios significativos. Lo consiguieron gracias a la traición y violencia contra sus "superiores", algo que nunca habría ocurrido si el shogunato de Ashikaga se hubiese dedicado a cumplir con su tarea.
El clan Uesugi también estaba ocupado en otros asuntos. Su general más famoso, Uesugi Kenshin, fue adoptado en el clan en el momento en que éste vivía su momento más bajo, hacia 1552. Consiguió organizar algunos asaltos contra el (nuevo) clan Hojo, pero se pasó la mayor parte del tiempo luchando contra el clan Takeda y, en concreto, contra Takeda Shingen. Ambos flancos estaban al mismo nivel, pero las batallas fueron algo extrañas. En 1553 Uesugi Kenshin y Takeda Shingen libraron una serie de batallas en la llanura de Kawanakajima en la provincia de Shinano. Volvieron al mismo lugar y lucharon una y otra vez en 1554, 1555, 1556, 1557 y 1563, convirtiendo las batallas prácticamente en rituales. Casi al mismo tiempo, Takeda Shingen estaba
preparándose para absorber Shinano, las tierras de los Murakami Yoshikiyo (fue el clan Murakami el que le pidió ayuda a Uesugi Kenshin y empezó su largo período de rivalidades con Shingen).
"Firme como una montaña, amenazante como el fuego, fuerte como un tronco, ligero como el viento. En el cielo y en la tierra, tú mereces toda la veneración."
— Lema del estandarte de guerra de Takeda Shingen (1521-1573)
Ouchi Masahiro había logrado sobrevivir a los Yamana y adquirir el poder principal de su clan y su hijo Yoshioki era igual de belicoso. La familia prosperó hasta que el nieto de Masahiro, Ouchi Yoshitaki asumió el mando. Siendo Yamaguchi un territorio rico y seguro, después de 1543, Yoshitaki llegó a la conclusión de que la guerra era algo demasiado peligroso y se afanó por promover la vida cultural, ayudado por los cortesanos exiliados de Kyoto. Desgraciadamente, sus dos criados principales Mori Motonari y Sue Harukata le previnieron de que lo estaba arriesgando todo con su actitud y que sus dominios podían ser objeto de un golpe por parte de algunos samuráis ambiciosos. Para corroborar lo cierto de sus afirmaciones, Sue Harukata se rebeló. Atrapado y sin amigos, Ouchi Yoshitaki se suicidó.
A pesar de todo, la cosa no acaba aquí. Mori Motonari pensó que era su deber vengar a su antiguo maestro, pero se tomó su tiempo. En 1555 consiguió engañar a Sue Harukata, que tenía más tropas, para que asaltara un castillo de la isla de Miyajima. Pero una vez allí los números eran lo de menos, porque estaba atrapado en la isla. La batalla terminó y las tropas derrotadas y desmoralizadas de Sue se suicidaron colectivamente. Como consecuencia, el clan Mori se alzó hasta convertirse en el clan más poderoso de Japón occidental.
"Cuando quieras atacar un ejército, cercar una ciudad o matar a una persona, primero tienes que conseguir datos sobre sus generales defensores, sus visitas, sus guardianes y sus criados. Que tus espías se informen."
— Sun Tzu, El Arte de la Guerra
En la época era normal cambiar de rivales y alianzas. Un clan podía aliarse con otro contra la amenaza de un tercero y darse cuenta de que sus aliados se habían convertido en una amenaza igual de importante o que los súbditos, habitualmente leales, pasaban a ser más peligrosos que cualquier amenaza externa.
En la guerra los samuráis siempre habían utilizados juegos sucios, asesinatos y traiciones despiadadas, pero durante los primeros conflictos, como la Guerra Gempei, los clanes que habían actuado de esta forma eran considerados por todos como villanos. Sin embargo, en el período Sengoku todo valía en el amor y en la guerra. Un asesinato rápido era igual de aceptable que ganar una batalla. Los nuevos daimyos habían leído a Sun Tzu y se habían tomado su obra muy en serio, sobre todo las partes que trataban de cómo utilizar a los espías y asesinos. Obviamente los daimyos tenían acceso a algunos de los mejores espías y asesinos de cualquier período de la historia en cualquier lugar del mundo: los ninjas. Un hombre sabio se encargaba de tomar precauciones contra los asesinatos, aunque no planeara las muertes de sus rivales y superiores.
Arsenal
"[La pistola] es el arma suprema en el campo antes de que los rangos se enfrenten, pero una vez que intervienen las espadas, las pistolas no sirven de nada."
— Miyamoto Musashi, El Libro de los Cinco Anillos, El Libro de la Tierra
En medio de todos estos conflictos, llegaron los primeros europeos a Japón. Hacia 1543 un grupo de comerciantes portugueses desembarcaron cerca de Kyushu. Los europeos trajeron consigo dos elementos de cultura muy importantes: armas eficaces que funcionaban con pólvora y el cristianismo. Un poco más adelante volveremos a hablar de la influencia de esta religión.
Las armas de pólvora no eran un completo misterio para los samuráis. Es casi seguro que conocían los revólveres chinos y los Mongoles utilizaron granadas primitivas contra los samuráis en 1274. Pero para ser exactos, la pólvora no "llegó" a las guerras japonesas hasta este momento. Las armas que los portugueses introdujeron en Japón eran arcabuces y otras con cañón de hierro. Eran ligeros para que los utilizara un solo hombre de forma relativamente segura, al menos si se comparan con los primeros tipos de armas de fuego. El arcabuz tenía un corto alcance en el campo de batalla, pero contaba con una enorme ventaja que se reconoció en Japón tan rápido como la percibieron los europeos. El entrenamiento de los arqueros lleva años de dedicación. Aprender a usar un arcabuz lleva días, como mucho. Los Ashigaru eran un grupo de soldados que formaban parte de todos los ejércitos, estaban preparados y esperaban un arma de fácil manejo que lanzara proyectiles.
Teniendo en cuenta la destreza de los espaderos y armeros en esa época, no es de sorprender el poco tiempo que emplearon para fabricar arcabuces en Japón. Además los daimyos lo adoptaron con gran entusiasmo para sus ejércitos. Sin embargo, aunque todos consideraban que el arcabuz era un elemento añadido al arsenal de mucha utilidad, les llevó su tiempo integrar una fuerza completa de arcabuceros en el ejército de forma tácticamente efectiva.
Oda Nobunaga
"El general cambia de táctica y revisa los planes para que los demás no los conozcan. Cambia de residencia y escoge desvíos para que los demás no puedan anticipar sus movimientos."
— Sun Tzu, El Arte de la Guerra
Uno de los problemas derivados del colapso de cualquier autoridad centralizada de Ashikaga era que, mientras que tomar Kyoto y convertirse en una familia de nuevos Shoguns era sin duda tentador para los clanes Hojo, Takeda y Uesugi, cualquier intento de hacerlo se convertía en una invitación al conflicto. En efecto, el primer daimyo que dejara sus dominios, invitaría a los rivales a invadirlos.
Ha llegado la hora de hablar del clan Oda, otra de esas pequeñas familias de samuráis que habían logrado hacerse con el control de una provincia (Owari, en su caso) durante el período Sengoku. En 1551 el despiadado Oda Nobunaga se convirtió en cabecilla del clan. En 1558 se hizo con el servicio de un Ashigaru llamado Toyotomi Hideyoshi, que demostró ser un espléndido seguidor. Al mismo tiempo, otro joven samurai, Tokugawa Ieyasu, estaba al servicio del clan Imagawa (aunque técnicamente era un rehén contra el buen comportamiento de su familia). Estos tres hombres decidieron el destino ulterior de Japón. Aunque por el momento había otros que tenían sus ojos puestos en Kyoto.
Imagawa Yoshimoto, el líder los Imagawa, era un daimyo que tenía la ambición de convertirse en Shogun y en 1560 entró en Kyoto, aprovechando el hecho de que los Hojo y Uesugi estaban ocupados peleando entre sí. Entre él y su objetivo mediaban tres provincias, una de las cuales resultaba ser la patria natal de Oda Nobunaga, Owari. Al principio la campaña se inclinó a favor de los Imagawa. Tokugawa Ieyasu tomó el fuerte fronterizo de Marune y todo lo que se interponía entre los 25.000 hombres de Imagawa y la victoria era Nobunaga y su pequeño ejército de 2.000 soldados.
"Gracias a la victoria obtenida al enfrentarse con otros, o imponerse numéricamente en la batalla, podemos alcanzar el poder para nosotros y nuestro señor. Esta es la virtud de la estrategia."
— Miyamoto Musashi, El Libro de los Cinco Anillos, El Libro de la Tierra
Nobunaga decidió atacar. Tras urdir una traición brillante, consiguió convencer a Yoshimoto de que su ejército estaba acampado en un lugar y tendió una emboscada a la fuerza principal de Imagawa en un desfiladero. La Batalla de Okehazama duró unos minutos. Asesinaron a Yoshimoto, que sólo se dio cuenta en el último momento de que los samuráis que estaban atacando no formaban parte de su fuerza, cuyos soldados estaban bebidos. Oda Nobunaga se convertía así en un elemento muy poderoso del país y en el nuevo señor de Tokugawa Ieyasu. Se había librado de su compromiso con el clan Imagawa tras la muerte de Yoshimoto.
Seguro que Nobunaga también sintió la tentación de entrar en Kyoto, pero aguardó el momento oportuno y trabó alianzas con sus vecinos, casando a su hija y hermana menor. Él también se había casado con la hija de otro vecino, Saito Toshimasa, un antiguo mercader de aceite convertido en daimyo de la provincia Mino, al que se consideraba una mala persona. Toshimasa era muy dado a torturar a las personas y freírlas en las ocasiones especiales. Sin embargo, su final fue una tragedia merecida, ya que su propio hijo, Yoshitatsu, le mató y asumió el mando. Él, a su vez, murió de lepra, pero no antes de que Nobunaga hubiese declarado la guerra para vengar al desagradable Toshimasa, que después de todo era su suegro. Esta excusa era todo lo que necesitaba para apartar al clan Saito y abrirse camino hacia Kyoto y el shogunato. A Toyotomi Hideyoshi se le encargó la tarea de destruir los restos del clan Saito, lo cual ocurrió en 1564.
Todo lo que necesitaba Nobunaga era una buena excusa para entrar en la capital y en 1567 se la sirvieron en bandeja. Ashikaga Yoshiaki era el heredero del shogunato y un símbolo valeroso para esa misma razón. Su hermano, Yoshiteru, había sido antes shogun y había estado completamente sometido al control de un par de cortesanos viperinos (y por casualidad cristianos), Miyoshi Chokei y Matsunaga Hisahide, que acabaron matándolo para colocar a su primo, mucho más joven, como títere aún más controlable. Yoshiaki estaba en peligro por causa de estos dos, pero consiguió escapar y refugiarse donde Nobunaga.
Oda Nobunaga entró en Kyoto en noviembre de 1568 con Yoshiaki como su propio shogun títere Ashikaga. Nobunaga gobernó como el auténtico poder tras el trono de un comandante en jefe solemne de un Emperador solemne. Estas eran razones dinásticas por las que la familia Oda no hubiese sido aceptada como Shoguns de derecho, pero con el nuevo arreglo Nobunaga se alzaba con el poder en cualquier caso.
Durante el resto de su vida, empleó toda su energía en aplastar a los rivales que quedaban. Para ello contaba con dos buenos lugartenientes, Toyotomi Hideyoshi y Tokugawa Ieyasu. Nobunaga era lo bastante poderoso como para concederles la autoridad que necesitaban/ Esto es un síntoma de que la política de los samuráis había evolucionado algo desde los días de la competencia brutal. En un momento dado, Hideyoshi e Ieyasu podrían haberse puesto a urdir planes contra Nobunaga y contra sí mismos … Sin embargo, Ieyasu fue enviado a reprimir a los Ikko-Ikki (en 1563) y escapó de milagro cuando dos balas penetraron en su armadura pero no llegaron a herirle. La siguiente campaña de representación de Nobunaga (con éxito) fue contra Miyoshi Chokei y Matsunaga Hisahide, que fueron derrotados en la Batalla de Sakai en 1567. Esta batalla es de interés por los muchos samuráis cristianos en ambos flancos, que comulgaban antes de luchar. El cristianismo (o tal vez los misionarios jesuitas que predicaban el cristianismo) atraía a los samuráis y desde este punto de vista los samuráis cristianos no se salían de lo común. Aunque Oda Nobunaga nunca se convirtió en cristiano, apoyó a los misioneros jesuitas que llegaban a Japón, sin duda por su utilidad política contra las molestas sectas budistas. Las cruentas persecuciones de cristianos estaban aún por llegar.
"Cuando las leyes de la guerra indican cierta victoria, es apropiado librar la batalla, aunque el gobernante diga que no habrá batalla. Si las leyes de la guerra indican derrota, no es indicado luchar, aunque el gobernante quiera hacer la guerra."
— Sun Tzu, El Arte de la Guerra
El resto de la vida de Nobunaga fue una sucesión de campañas para garantizar el control del país. En 1570 cayó sobre los Asakura de la provincia Echizen pero tuvo que retirarse cuando su cuñado, Asai Nagamasa, se declaró del lado del clan Asakura. Nobunaga volvió, entrado el año 1570 y libró la indecisa pero victoriosa Batalla de Anegawa. Aunque sus fuerzas ganaron, no aplastaron a los Asakura y Asai. Los problemas se multiplicaron para Nobunaga y rápidamente se dio cuenta de que no sólo se enfrentaba al ejército Asakura y Asai, sino a los Ikko de shiyama Hongan-ji y sohei (monjes guerreros) de Enryaku-ji cerca de la capital. Por otro lado, Tokugawa Ieyasu tenía que ocuparse de ejército Hojo y de Takeda Shingen.
Nobunaga se sintió cercado y decidió atacar. Sus hombres rodearon Enryaku-ji y mataron a todos (hombres, mujeres y niños) los que encontraban en el monasterio o en sus proximidades. Nobunaga podía ahora volverse contra sus otros enemigos, pero Takeda Shingen dio un paso contra él en 1572, casi consiguiendo atrapar a Hokugawa Ieyasu en el Castillo de Hamamatsu. Ieyasu tuvo que encarar una elección simple: quedarse donde estaba y fracasar en su intento de evitar que Shingen llegara a Kyoto o luchar. Decidió dejar el castillo y enfrentarse al ejército Takeda en la nieve en Mikata-ga-hara, un tramo de páramos cercanos al Río Magome. La batalla fue titubeante y ambos flancos acabaron por retirarse. Ieyasu volvió al Castillo de Hamamatsu (había logrado su objetivo de retrasar a Shingen); Shingen regresó a casa.
Shingen volvió a las andadas en la primavera de 1573, esta vez en la provincia de Mikawa en un intento de tomar Kyoto. Pero no le fue posible. En la lucha posterior le hirieron de un disparo y murió poco tiempo después. Esta pérdida fue un desastre para el clan Takeda, ya que el hijo de Shingen, Katsuyori, no era el hombre que fue su padre. Se dice que Uesugi Kenshin lloró por la pérdida de un enemigo tan noble. El propio Kenshin murió en extrañas circunstancias en 1582. Aunque no pudo demostrarse nada, se sospechaba que Nobunaga había utilizado a un ninja para eliminar a otro rival. Otra versión (probablemente incierta) de los acontecimientos que rodearon la muerte de Kenshin la encontraréis más adelante, en la sección sobre los ninjas.
"Un verdadero samurai no puede olvidar a su esposa e hijos cuando libra una batalla, ¡porque un verdadero samurai nunca piensa en ellos"
— afirmación atribuida a un seguidor de Takeda
Pasaron más de dos años hasta que se aseguró la derrota del clan Takeda. En 1575 Takeda Katsuyori rodeó el Castillo de Nagashino con su ejército, pero los defensores de Oda ofrecieron una valiente resistencia. Nobunaga se dio cuenta de que la expedición de relevo serían la oportunidad de aplastar al clan Takeda y tenía razón. La Batalla de Nagashino fue un triunfo para Oda Nobunaga y para los arcabuceros. Nobunaga organizó a sus 3.000 mejores disparadores en una única unidad tras una empalizada de estacas. Cuando el clan Takeda cargó a través de un campo de batalla anegado cada 20 segundos más o menos, los hizo trizas. A los que sobrevivieron a los disparos, otros soldados de Nobunaga les cerraron el paso. Hasta los defensores del castillo dejaron sus murallas y cayeron en la retaguardia del ejército Takeda. La victoria fue total. Katsuyori Takeda consiguió escapar a la matanza, pero no pudo volver a lanzar una afrenta contra Nobunaga y fue asesinado en 1582.
Nobunaga se dirigió hacia el este, donde residía el clan Mori. Mori Motonari había muerto, pero su nieto, Mori Terumoto, gobernaba una gran área formada por tres provincias. Terumoto se había estando metiendo en líos, pues había atravesado el bloqueo naval de Nobunaga de los Ikko-Ikki en Ishiyama Hongan-ji. Nobunaga respondió enviando un ejército con Toyotomi Hideyoshi, su general Ashigaru y Akechi Mitsuhide (otro de sus generales samurai) a la cabeza. Prosiguió su campaña contra los Ikko-Ikki, construyendo incluso barcos de guerra con blindaje de hierro para utilizarlo contra ellos. Pasaron 300 años antes de que se volviera a emplear el blindaje en el Oeste. Al final los Ikko quedaron rodeados y en 1580 tuvieron que rendirse. Los fanáticos guerreros por fin habían quedado aniquilados como poder. Mientras ocurría todo esto, Nobunaga también empezó a construir un castillo en Azuchi en el Lago Biwa, cerca de Kyoto. Era una edificación colosal y un símbolo de dónde residía el poder en el Japón de esa época. También supuso un cambio radical por la atención que prestaba a las armas de fuego, con sus sólidos muros defensivos y las troneras para los artilleros.
El ejército de Nobunaga ejerció todo su poder contra los Mori. Toyotomi Hideyoshi había hecho continuos progresos y había sitiado su castillo de Takamtsu (¡hasta había conseguido cambiar el curso del río para anegar todo el lugar!) Todo el clan Mori se reunió para intentar levantar el sitio e Hideyoshi solicitó refuerzos cuando se dio cuenta de a qué se estaba enfrentando exactamente. Ieyasu y, al final, otros muchos guerreros de Oda fueron enviados para fortalecer su ejército.
Nobunaga se quedó en Kyoto con tan solo 100 hombres para protegerle, en vez de los 2.000 que normalmente formaban su escolta.
Por otro lado Akechi Mitsuhide había fracasado en su campaña contra los Mori y había padecido el desdén de Nobunaga por esto y mucho más. Se estaba trasladando a un lugar cercano a Kyoto cuando Nobunaga estaba casi desprotegido. Nunca se ha llegado a explicar bien del todo por qué hizo que sus tropas dieran media vuelta y atacaran la mansión de Nobunaga en Kyoto, pero el 21 de junio de 1582, Nobunaga fue fusilado bajo las órdenes de su propio general. Murió de un disparo del arma con la que había transformado el campo de batalla: el arcabuz.
Incluso para la costumbre de la época, Nobunaga era un hombre despiadado: su única idea de una victoria clara era el exterminio del enemigo. Pero también es verdad que cambió Japón. Gracias a sus avances militares, alteró la forma en que se libraban las batallas. De repente, los campesinos y ji-samurais dejaban los campos por la lucha. Con Nobunaga los hombres luchaban o araban la tierra. Los samurais y ashigarus se convirtieron en clases guerreras que no tenían que volver a sus tierras cuando llegaba el momento de la cosecha. Lo único que tenían que hacer era luchar por su cacique.
El Shogun de trece días
"La persona sin estrategia que toma a la ligera a sus enemigos, terminará irremediablemente como cautivo de otros."
— Sun Tzu, El Arte de la Guerra
Cuando llegaron las noticias de la traición de Akechi Mitsuhide a Toyotomi Hideyoshi, negoció de inmediato un tratado de paz con el clan Mori y luego entró en Kyoto. Mientras tanto, Mitsuhide seguía el precedente de larga tradición de sacrificar a todos los parientes de Nobunaga que se le pusieron a tiro. Tokugawa Ieyasu había desaparecido sin dejar rastros. Aunque probablemente no era propio de Mitsuhide, quemó y redujo a cenizas el majestuoso Castillo de Azuchi. Días después, el shogunato de Akechi había llegado a su fin. Hideyoshi atacó y Mitsuhide huyó. Fue capturado por campesinos caza-recompensas y linchado. Pasó a la historia como el "Shogun de Trece Días."
Toyotomi Hideyoshi era ahora el vengador "oficial" de Nobunaga y gozaba de una situación muy ventajosa. Sus humildes comienzos como Ashigaru le hicieron ganarse la simpatía de sus propios soldados Ashigaru y era un comandante de singular capacidad. Huelga decir que a los parientes de Oda Nobunaga que sobrevivieron (sobre todo su tercer hijo, Nobutaka) no les hacía demasiada gracia ver a Hideyoshi al mando. También cabía la posibilidad de considerar a otros generales de Nobunaga. Aparte de Tokugawa Ieyasu, Shibata Katsuie, Niwa Nagahide, Takigawa Kazumasu e Ikeda Nobuteru estaban en su derecho de reclamar ser los sucesores de Nobunaga.
La única solución posible era la guerra, a pesar de (o por causa de, ¿quién sabe?) la sugerencia de Hideyoshi de que el nieto de un año de Nobunaga debería ser el nuevo líder del clan. Un títere con un hombre poderoso a sus espaldas era una forma tradicional de tomar el poder. Los siguientes meses le plantearon a Hideyoshi una serie de difíciles campañas. Con mucho la amenaza más peligrosa procedía de Shibata Katsuie. En realidad Katsuie había intentado atacar a Akechi Mitsuhide, pero había llegado demasiado tarde para compartir el mérito de asesinarlo. Si Katsuie hubiese conseguido coordinar sus acciones con las de sus aliados, Oda Nobutaka y Takigawa Kazumasu, los tres podrían haber ganado. Ieyasu y los demás también estaban a la espera, bien de una oportunidad de conseguir el premio o ¡de asegurarse de respaldar al vencedor!
Sin embargo Katsuie no tenía el privilegio de contar con buenos aliados. Mientras que las tierras de Shibata seguían nevadas, Nobutaka decidió atacar. Así Hideyoshi pudo aprovechar la oportunidad para dividir y conquistar a sus oponentes. Nobutaka estaba rodeado en el Castillo de Gifu del clan Oda y suplicaba piedad. En ese momento, Hideyoshi hizo algo totalmente increíble: le perdonó la vida a Nobutaka y tomó rehenes para garantizar su futuro buen comportamiento. No mucho tiempo atrás, el padre de Nobutaka, Nobunaga, habría matado a todos los enemigos a su alcance. Hideyoshi dividió entonces las fuerzas de Takigawa Kazumasu sobornando a una guarnición clave e incluso capturó al propio Kazumasu.
"Los que vienen en son de paz sin proponer ningún tratado, están conspirando."
— Sun Tzu, El Arte de la Guerra
Llegados a este punto, Shibata Katsuie apenas podía enviar tropas por la nieve derretida y Oda Nobutaka correspondió a la piedad rebelándose. El general Shibata, Sakuma Morimasa, tuvo un grave error de juicio cuando (tras no aprender la lección de la Batalla de Nagashino) atacó a tropas armadas con arcabuces en una posición dominante. La Batalla de Shizugatake en 1583 fue un desastre para las fuerzas Shibata y fueron perseguidas hasta las puertas del castillo de Katsuie. Reconociendo que había perdido la guerra contra Hideyoshi, Katusuie se quitó la vida y quemó su fortaleza. Al enterarse de las noticias, Oda Nobutaka tenía los días contados y también se quitó la vida.
Se había creado el marco perfecto para el enfrentamiento entre Hideyoshi e Ieyasu, los principales partidarios de Nobunaga y sus mejores generales. Ambos buscaron aliados y los clanes importantes que antiguamente pertenecían a Nobunaga tomaron partido por uno u otro. Con dos comandantes tan valerosos, era evidente acabar en punto muerto, aunque hubo muchas luchas, como la sangrienta Batalla de Nagakute en 1584. Cuando acabó la batalla, Ieyasu se sentó a pasar recuento de las casi 2.500 cabezas del ejército enemigo, formado por unos 9.000 soldados. A cambio él perdió unos 600 hombres, pero la batalla no fue decisiva.
Al final, Ieyasu se sometió a la autoridad de Hideyoshi. Su decisión resultó de lo más práctica. Juntos, ambos hombres eran invencibles e Hideyoshi, un hombre viejo, no podría aguantar eternamente … Con Ieyasu como aliado, Hideyoshi tenía la oportunidad de conquistar el resto de Japón. Que lo consiguiera tan rápido como lo hizo se debe no solo a su destreza militar, sino también a su habilidad política. Al enfrentarse a Nobunaga, por ejemplo, no tenía mucho sentido no luchar valientemente hasta el final; al fin y al cabo, seguro que acabaría matando a todo el mundo, resistieran con uñas y dientes o no. Sin embargo, Hideyoshi iba más allá políticamente (o era más astuto). Se mostraba generoso ante el enemigo, permitiéndoles conservar algunas de sus pertenencias (pero tenía que conquistar tierras para utilizarlas como recompensa para sus leales seguidores). También tomó rehenes, pero no exterminó a clanes enteros. Les dejó seguir ostentando su cargo como antes, asegurándose previamente su lealtad. De esta forma pudo incorporar ejércitos del enemigo a sus propias fuerzas y se fortaleció con el tiempo. No obstante, Hideyoshi no necesitaba apropiarse de las tierras de todo un clan, porque había cambiado la forma de recompensar a los samurais por sus actos heroicos en la batalla. En vez de concederles tierras, ¡les pagaba en oro!
Hideyoshi era ahora dueño de Japón y libre de alcanzar su objetivo. Construyó el Castillo de Osaka en el lugar donde antaño se erigió la fortaleza Ikko de Ishiyama Hongan-ji. También fue artífice del cambio social más importante en Japón: "La Gran Caza de la Espada", que comenzó en 1588. Todas las armas que estaban en manos de los campesinos eran confiscadas y fundidas para utilizarlas en la construcción del Gran Buda de Hideyoshi. Las únicas personas autorizadas a llevar armas a partir de ese momento serían los guerreros y las distinciones sociales entre campesinos no armados, soldados Ashigaru y samurais, que llevaban dos espadas, se convirtió en un rasgo bien definido del panorama social.
También había planeado conquistar China. La historia de esta expedición queda fuera del nuestro alcance, pero la guerra de Corea acabó en un fracaso estratégico para los japoneses. No lograron forjarse un imperio continental, pero consiguieron traerse un botín interesante. Por extraño que parezca, las tropas de Tokugawa no participaron en las luchas continentales.
La lucha final
"Los que son comedidos con sus palabras mientras preparan la guerra van a atacar. Los que emplean palabras soberbias y avanzan de forma agresiva van a retirarse."
— Sun Tzu, El Arte de la Guerra
En 1598 Hideyoshi se estaba muriendo, pero aún le quedaba olfato político para nombrar cinco regentes que gobernarían en nombre de su hijo menor de edad. Toyotomu Hideyori sólo tenía cinco años cuando las personas designadas por su padre asumieron el mando. El más importante era Tokugawa Ieyasu, asombrosamente más rico de lo normal: sus ingresos de la tierra ascendían a 2.557.000 koku. Aclararemos que el koku era la cantidad de arroz que se necesitaba para alimentar a un hombre durante un año. Y recordemos que hablamos de ingresos, no del valor de sus posesiones. Los otros era Ukita Hideie, Maeda Toshiie, Mori Terumoto y Uesugi Kagaktasu, los daimyos más relevantes de Japón y está claro que a Hideyoshi le interesaba tenerlos unidos apoyando a su clan.
"La velocidad no forma parte del verdadero Camino de la Estrategia. La velocidad supone que las cosas parezcan rápidas o lentas, dependiendo de si siguen el ritmo o no. Sea cual sea el Camino, el maestro de la estrategia no parece rápido."
— Miyamoto Musashi, El Libro de los Cinco Anillos, El Libro del Fuego
Ieyasu tenía otros planes, pero se opuso a él una cortesano ajeno a la regencia, un funcionario llamado Ishida Mitsunari. Por otro lado, Ieyasu no deseaba ser el primero en provocar la guerra, así que no hizo mucho más que esperar a que Ishida Mitsunari diera el primer paso. Mientras tanto, los "protagonistas significativos" apoyaron a una u otra parte. Afortunadamente para Ieyasu, la mayoría de los antiguos seguidores de Hideyohsi le eligieron como el sucesor militar de derecho.
"Los que llegan primero al campo de batalla y aguardan al enemigo están a sus anchas. Los últimos que llegan al campo de batalla y se meten de cabeza en el fragor de la batalla acaban desgastados. Por eso, los guerreros sensatos hacen que el enemigo venga a ellos y no van hacia los demás"
— Sun Tzu, El Arte de la Guerra
Los Shoguns Tokugawa siguieron siendo los dueños indiscutibles de Japón durante los 250 años siguientes. Los Emperadores siguieron siendo endiosados personajes en la sombra que se mantenían apartados del poder real. Mientras tanto, los Tokugawas se aseguraron de que Japón seguía igual de aislado del mundo exterior. Incluso antes de la victoria final en Osaka, los Tokugawa se habían vuelto contra los forasteros. Se persiguió de manera oficial a los cristianos de 1612 en adelante, se negó a los españoles el permiso de desembarcar en Japón después de 1624 y en los siguientes diez años los propios japoneses tenían terminantemente prohibido viajar. Japón quedaría acordonado, excepto por contactos esporádicos que mantenía con pequeñas misiones comerciales de holandeses. Los Shoguns consiguieron mantenerse aislados hasta 1853, cuando la llegada de un destacamento estadounidense bajo el mando de Comodoro Perry (y la amenaza de tener que integrarse en uno de los imperios europeos en auge) les obligó a aceptar que la idea del aislamiento como única política ya no era viable. Japón había quedado atrás, un páramo feudal estancado en el nuevo mundo moderno, industrial y victoriano.
Frente a estos desagradables hechos, en los clanes aumentó el sentimiento de xenofobia y organizaron ataques contra los forasteros que llegaban a Japón, que a su vez debilitaron la posición del shogun Tokugawa, que ya no podía controlarlos. La Restauración Meiji de 1867 no devolvió a los Emperadores (es obvio que nunca desaparecieron), pero restableció el poder a la familia imperial y llevó al final del shogunato. Los clanes quedaron desarmados y les quitaron sus feudos en la siguiente década.
El nuevo gobierno imperial se planteó convertir Japón en una nación moderna, llevados en parte por el miedo legítimo a acabar como cualquier otra colonia del Lejano Oriente. En unos 50 años, Japón pasó de una sociedad medieval a una nación industrial moderna: ningún país ha cambiado tan radicalmente en tan poco tiempo. Con la guerra ruso-japonesa de 1904-1905, los japoneses demostraron que su transformación era absoluta, al derrotar al Imperio ruso tanto en tierra como en mar. El Ejército y Marina Imperiales se afirmaron como modernos, progresistas y comparables a todo lo europeo.
Sin embargo, no había sido una fácil transición. El último hurra de la antigua orden de samurais llegó con la Rebelión Satsuma en 1877, encabezada por Saigo Takamori. Un ejército de samurais medievales luchó contra un ejército moderno de reclutas y fue totalmente derrotado. Al final con la valentía de los samurais no fue suficiente para detener el futuro y Takamori se quitó la vida a la antigua usanza.
Paradójicamente, fue en el Ejército Imperial Japonés que venció a los rebeldes samurais, donde el espíritu de estos perduró…
"Si conoces al enemigo y te conoces a ti mismo, no te pondrán en peligro ni cien batallas. Si no conoces al enemigo, pero te conoces a ti mismo, perderás una y ganarás otra. Si te conoces ni a ti ni al enemigo, estarás en peligro en todas las batallas."
— Sun Tzu, El Arte de la Guerra
Los daimyos
"Dirigir es cuestión de inteligencia, honradez, justicia, coraje y autoridad."
— Sun Tzu, El Arte de la Guerra
Es una costumbre que los nombre japoneses se digan con el apellido delante, seguido del nombre de pila de la persona. Así Tokugawa Ieyasu es en realidad "Ieyasu de la familia/clan de Tokugawa". Por norma general, la lealtad a la familia y al clan constituía la relación más importante entre los "grandes protagonistas" de este período de la historia japonesa, por lo que facilita bastante seguirle la pista a las diferentes facciones . Si comparten el mismo apellido, suelen estar del mismo lado. Como hemos visto, todo esto no impide que los daimyos y los samurais maquinen contra sus superiores, parientes y amigos y contra cualquier otro que se ponga en su camino.
Cuando comienza la acción, los señores de la guerra daimyo están bien establecidos en sus feudos y todos esperan ser vencedores en la próxima guerra.
"Si no conoces los planes de tus rivales, no puedes formar alianzas basadas en la información."
— Sun Tzu, El Arte de la Guerra
En realidad, Tokugawa Ieyasu, que fue rehén de Yoshimoto (a continuación) durante su infancia llegó a adquirir su importancia por sus astutas maniobras políticas y su gran destreza militar. Entre sus familiares hubo Shoguns durante 250 años.
Los siguientes grandes daimyos son líderes de sus clanes respectivos:
Hojo Ujitsuna — UjiTzuna era el heredero de una orgullosa tradición. Los Hojo habían sido los Shoguns de Japón, trayendo paz y prosperidad e incluso expulsaron a las hordas mongolas. UjiTzuna y su hijo eran poderosos daimyos y lucharon durante muchos años contra los clanes Takeda y Uesugi. De hecho, el fundador del clan, Hojo Soun, fue un humilde aventurero Samurai que derrocó el viejo orden en su provincia natal e hizo suyo un antiguo nombre. ¡Sus descendientes fueron igualmente despiadados!
Imagawa Yoshimoto — Bajo el mandato de Yoshimoto, el clan Imagawa consiguió hacerse con el control de las provincias de Mikawa, Totmi y Suruga. Sin embargo, una incursión en Owari le hizo entrar en conflicto con Oda Nobunaga (hijo de Nobuhide, más adelante) y Yoshimoto fue derrotado y asesinado en la batalla de Okehazama. Una vez desaparecido, el poder del clan disminuyó con rapidez.
Mori Motonari — Originariamente vasalla de Ouchi Yoshitaka, la familia Mori llegó a dominar el Mar Interior de Japón durante aproximadamente 50 años, luchando contra los Amako. Cuando los Ouchi fueron derrocados, Motonari aprovechó la oportunidad y derrotó a todos los rivales de su territorio. Una vez asegurada su base de poder, continuó expandiendo las propiedades de su familia tras obtener éxitos contra los Amako, aunque su nieto y sucesor encontró una gran resistencia en los generales de Oda Nobunaga.
Oda Nobuhide — Padre del más famoso Oda Nobunaga y pariente del clan Taira que había reinado en su día en Japón, Nobuhide llevó a su clan a la victoria contra los Imagawa (véase anteriormente) en Azukizaka en 1542 y allanó el terreno para que sus hijos adquirieran importancia. Su hijo más famoso, Nobunaga, era un hombre codicioso y extremadamente despiadado que no obstante llegó a ser el arquetipo de general Daimyo del periodo y a ostentar el poder oculto tras el último de los Shoguns Ashikaga.
Shimazu Takahisa — Situado en la parte sur de Kyushu, Takahisa condujo al clan Shimazu de un modo capaz e innovador. Fue el primer Daimyo en equipar a sus soldados con arcabuces a gran escala y el primero en obtener una victoria con ellos en su ataque al Castillo Kajiki en la provincia de Osumi. Tras su muerte la fortuna de la familia disminuyó y decidieron apoyar a Ishida MiTzunari en la Batalla de Sekigahara, lo que les llevó finalmente a la perdición.
Takeda Nobutora — Nobutora parece haber sido un gobernante bastante capaz de la provincia de Kai, pero se decantó por su hijo menor como sucesor, lo que llevó al mayor, Takeda (Harunobu) Shingen, a sublevarse. ¡Nobutora tuvo que sufrir entonces la indignidad de que un noble de los alrededores lo tuviera prisionero bajo órdenes de su propio hijo! A pesar de este comienzo tan poco afortunado en apariencia, Shingen se convirtió en uno de los Daimyo más hábiles. También fue la inspiración de Kagemusha, la épica película sobre Samurais de Akira Kurosawa.
Uesugi Tomooki — Tomooki pasó gran parte de su tiempo en guerra con el vecino clan Hojo. Su rama de la familia Uesugi (los OgigyaTzi) tuvo un final prematuro cuando su hijo, Tomosada, fue asesinado en combate en 1545 contra los Hojo al intentar volver a capturar el castillo de Kawagoe. La otra rama de la familia, los Yamanouchi, duró mucho más y finalmente salió mejor parada. Uesugi KagekaTzu se pasó al bando de los Tokugawa después de Sekigahara y fue recompensado por su nueva lealtad con el valioso feudo de Yonezawa. Los Uesugi también tuvieron una dilatada disputa con el clan Takeda.
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